Historia de la producción textil

Por Arquintro
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El origen de la elaboración de los tejidos textiles, como el de tantas otras actividades, se pierde en la oscuridad de los inicios creativos de la humanidad. No es fácil, por tanto, determinar una fecha aproximada para situar su nacimiento. Aunque existen restos de telas muy antiguos, si esta práctica va paralela al desarrollo de la cestería, como reflexionan algunos autores, sus comienzos tuvieron que ser posteriores al s. XIV a.n.e., época en la que aparece la cesta de Moisés en el río Nilo, según cita la Biblia.

En general, no quedan muchas dudas de que las primeras experiencias de tejido surgieron junto a los inicios de la cestería. Ante la necesidad de resguardarse de las inclemencias del tiempo, las personas se protegerían primero con hojas, luego con lino, cáñamo, esparto o yute, y más adelante con fibras animales manipulables, como la lana o el pelo. Dichas fibras eran susceptibles de ser transformadas en hilo y, con el tiempo, se trenzarían conforme a sistemas de distinta complejidad, dando paso al tejido textil propiamente dicho.

Según los restos encontrados, algunos investigadores estiman que ya se practicaba algún sistema de tejidos hace más de 8000 años, pero que la destreza y el dominio claro de la técnica para elaborar prendas no se alcanzó hasta los siglos XIV o XIII a.n.e. En Huyuk (Turquía) se descubrieron fragmentos de tejidos que podrían datarse en torno al año 6500 a.n.e. Y en Tell Halula (Siria) se encontraron semillas de lino aún más antiguas (1). También se han hallado instrumentos para tejer en Mesopotamia y en Egipto, así como pinturas, esculturas y cerámicas de la época, adornadas con personajes dotados de ropajes que requieren cierta elaboración.

Por otro lado, según estiman algunos, como el historiador Struan Reid, «la industria de la seda ha funcionado en China por lo menos desde el s. XIV a.n.e, aunque es probablemente muchos siglos después de esa fecha cuando se desarrolla la rueda de hilar» (2). Si bien los telares y las ruedas de hilar proliferaron concretamente durante el Románico, tanto en la Grecia clásica como en la cultura romana ya había muestras de un desarrollo evolucionado del textil, con tejidos atractivos y resistentes. Y lo mismo es observable en épocas más tempranas en Egipto, donde muchos investigadores, como ya se ha señalado, piensan que ya se tejían textiles hace 8000 años.

La producción textil en Europa

En Europa, encontramos en Gran Bretaña la que podría ser la primera ilustración de la rueda de hilar, en 1338. Eran tiempos de relaciones comerciales con la dinastía mongol Yuan (1280-1368), así que la rueda podría haber llegado por esa vía. Por otro lado, también podría haber entrado en Europa por la península ibérica, a través de los árabes, cuando, por aquella misma época, ocuparon Andalucía. Los sumerios, que formaron parte de la historia de Mesopotamia, los asirios y los babilonios ya conocían el huso y el hilo en torno al año 3000 a.n.e. (3). También existen restos de tejidos de más de 2500 años de antigüedad en Escandinavia y sedas de hace 3000 años descubiertas en China.

En hallazgos arqueológicos correspondientes a la Edad de los Metales aparecen pesas de telares en distintos puntos de la península ibérica. Además, las tribus ibéricas que la poblaron dejaron figuras que representaban a mujeres confortablemente vestidas. El etnógrafo Xaquín Lourenzo (4) especula con la posibilidad de que ya pudiera haber tejidos en Galicia (al noroeste de España) en el Neolítico. Aunque reconoce que se hallaron distintos documentos que apuntan a la posibilidad de que los tejidos ya existían entonces en Europa, añade que “es preciso llegar a la cultura castreña para encontrar testimonio directo de lo que, en relación con esta industria, se hacía en la Galicia protohistórica”.

Sea como sea, dentro de la península ibérica hay evidencias de la existencia de textiles en épocas muy tempranas, debido a la conservación de restos de tejidos e instrumental datados en la Edad de Bronce. En Cádiz, por ejemplo, se encontraron pruebas en sarcófagos de los tiempos de los navegantes fenicios, del s. V a.n.e. Otros datos hablan de poblaciones ibéricas y necrópolis romanas que tenían muestras de producción textil. Plinio (23-79 a.n.e.) y Estrabón (63 ó 64 a.n.e.-16 ó 24) escribieron en sus crónicas sobre las ropas utilizadas por los romanos en sus cacerías. En referencia a los tejidos de Galicia, por ejemplo, mencionan el gran colorido de los vestidos y la calidad del lino de los zoelae (habitantes de Zoela) que, según distintos autores, eran habitantes de Galicia o de la geografía que une Galicia, Asturias y León. Por otro lado, además de la narración del proceso de transformación de la planta del lino en fibra textil que nos dejaron estos autores romanos, también se encontraron semillas en varios castros de la geografía gallega.

Mientras tanto, entre los productos más frecuentes de las transacciones comerciales que ya se realizaban por el Mediterráneo durante los siglos IV-I a.n.e., se encontraban las telas de seda que, procedentes de China, entraban en Roma a través de Persia y Siria. Como indicábamos anteriormente, según algunos expertos, el tratamiento de las telas de seda en China se remonta a 3000 años a.n.e. Más adelante, alrededor del año 552, en tiempos de Justiniano, el gusano de la morera (bombix mori) salió del entorno de China para extenderse por el mundo. Los secretos de la producción, hasta entonces ocultos para Occidente, se introdujeron en el decadente Imperio romano y Bizancio pasó a convertirse en el gran centro industrial de las manufacturas de la seda. Por aquel entonces, las técnicas de producción de textiles funcionaban en todos los continentes y los tejidos ya eran un producto frecuente en los intercambios de las rutas comerciales.

NOTAS:

(1) Cadernos do Museo do Pobo Galego: O tecido.

(2) REID, Estruan: Las rutas de la seda y las especies.

(3) http://hilanderiasbogota.com

(4) LOURENZO, Xaquín: Os oficios.

IMÁGENES:

Las ilustraciones corresponden a las muestras textiles más antiguas de la península ibérica (de unos 5400 años de antigüedad, etapa Neolítica alta y Edad del Cobre). Se encontraron en excavaciones en una cueva sepulcral en el cerro de la Calera, Obejo (Córdoba), por Margarita Glesa, profesora de la Universidad de Padua (Italia), con la colaboración de Rafael M. Martínez, profesor del área de Prehistoria de la Universidad de Córdoba. La documentación fue contrastada con otros artefactos localizados en la zona, que no son textiles en sí, por ejemplo, el hallazgo de pesas para pesar la materia prima, hechas de arcilla, así como objetos de esparto y madera. Los autores se refieren a la dificultad para localizar textiles, debido a su breve proceso de descomposición, motivado por las variantes de humedad y temperatura. En este caso, el microclima del área permitió la conservación de estas pequeñas muestras, halladas en buen estado en cuanto a su elasticidad y colorido natural.

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