La pandemia coloca en primer plano la importancia de la arquitectura interior

Por Arquintro
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Desde diciembre de 2019, la población mundial ha experimentado un notable suspense en su vida y en sus relaciones como consecuencia de la pandemia que ha causado tanta enfermedad y fallecimientos y ha llenado de dolor y preocupación a toda la humanidad.

Los profesionales acompañantes de los afectados por la COVID-19 han sido un ejemplo de actuación profesional y solidaria, sufriendo con los enfermos su dolor y su desesperanza. Profesionales de muchos otros campos han estado observando tan incierta situación desde otros planos de riesgo y preocupación. La sociedad, en su conjunto, reclama soluciones determinantes entre tanto oportunismo y divagación por algunas partes.

Lecciones de interiorismo corroboradas durante la pandemia

En lo que atañe al ejercicio de la arquitectura interior, algo especial hemos aprendido a lo largo de estos dos años.

Los momentos de confinamiento nos dieron la oportunidad de apreciar los efectos de una convivencia o de un aislamiento total de forma continuada y prolongada en espacios que no están hechos para tales extremos (uso día y noche, durante días sucesivos). Esto incrementó los conflictos derivados de la convivencia y también las depresiones. ¿Por qué? Porque la vivienda es mucho más que una cubierta que alberga cosas y personas en su interior, porque es innegable que la arquitectura interior establece un vínculo de diálogo con las personas moradoras y que influye de forma importante en ellas.

El mundo ha estado experimentando notablemente lo que ya se sabía a partir de los resultados de la vida cotidiana: que los recintos hablan, pacifican, agreden y provocan confrontaciones. Enfrentan a las personas y armonizan las relaciones, y la forma de resolver estos desajustes no es una cuestión baladí que pueda abordar cualquier persona «opinadora», sino que atañe a quienes se cualifican para realizar una planificación adecuada.

En dicho sentido, la civilización del siglo XXI debería renunciar al protagonismo de la frivolidad y el trampantojo de la casa anémica, que menosprecia el potencial cultural y el interés público. Y esto ha de empezar en las escuelas que proponen soluciones fundadas para la vida sana en el interior, soluciones que han de divulgarse con fundamento.

El interiorista ha de encontrar la sensibilidad de cada grupo y saber escucharlo. Y esto también es aplicable a los campos de la salud, por ejemplo, donde las arquitecturas y las ingenierías, proyectando los espacios y aplicando los equipamientos apropiados para que los profesionales que hacen uso de ellos cuenten con un acondicionamiento proyectado su medida y a la de su actividad, simplemente hacen la vida más sencilla y más cómoda.

Procurar actitudes de sensibilidad para la cooperación entre actividades análogas o diferenciadas, sin límites, cuando lo requiere cada circunstancia, es la mayor aportación que los arquitectos de interiores podemos hacer por la salud, frente al dolor que conllevan las circunstancias actuales.

Soluciones efectivas de interiorismo para minimizar la propagación del virus

En una entrevista concedida a un medio de comunicación español, Sandra Villapol, neurocientífica del Hospital Metodista de Houston, EE.UU., estima que «desinfectar ha sido un gran teatro que no nos ha servido para nada» (La Voz de Galicia, 23 de enero de 2022). Tanto tiempo y dinero invertido en acciones inservibles es un desatino sin fundamento y sin responsabilidad política que ha empañado las acciones para combatir la situación.

Refiriéndose al trabajo contra la COVID-19, Villapol sigue diciendo: «Nunca se ha enviado el mensaje claro de que el virus se contagia por compartir el mismo aire. Se sigue recomendando desinfectar, cuando sabemos que el virus no se transmite por superficies. Se necesitan filtros HEPA y un buen sistema de ventilación en todos los locales públicos y particulares que sean muy concurridos. Se gastó demasiado dinero en medidas que no bloqueaban la cadena de transmisión».

Pues bien, de la información que nos desvela esta investigadora se pueden deducir soluciones clave que convienen para la información pública: en primer lugar, la determinación legal de las condiciones que habrían de cumplir los espacios laborales, de reunión o de convivencia para la adecuada ventilación de los compartimentos que albergan a varias o muchas personas en su interior.

Recurrir al sistema de filtros HEPA (High Efficiency Particulate Air) produce una mayor garantía de calidad del aire, puesto que, dentro de los catálogos de este sistema, podemos encontrar purificadores de fácil integración en espacios particulares, sanitarios, industriales, de aviación, etc. Son eficientes en la eliminación de virus, bacterias o alérgenos presentes en la circulación del aire, mediante los purificadores de luz ultravioleta que suelen incorporar.

En el hogar, se puede disponer de aspiradoras de características eficaces en la eliminación de agentes patógenos, pero mediante la elección de los modelos convenientes dentro de este mismo sistema reciclador del aire.

Como solución elemental, también se puede recurrir al sistema ya tradicional de renovación forzada del aire, aumentando el número de renovaciones para evitar la acumulación de patógenos. No obstante, en este caso siempre persistiría el riesgo de ocultación en lugares fuera del arrastre del aire o de mejores condiciones para albergarlo, de forma que algunos patógenos no serían destruidos; solo mejoraría la renovación aérea.

Una cuestión de normativa y de praxis profesional

Por todo lo mencionado, sería necesario actualizar la normativa correspondiente para adaptarla a estos nuevos fenómenos (tanto las directivas, como las leyes generales y los reglamentos), de forma que garantizase la verdadera salubridad y que, por una vez, estuviera pensada para las prácticas reales de uso de los espacios de convivencia entre personas.

No obstante, la ausencia de dicha actualización normativa tampoco impide que se practique una mayor exigencia en las características micrométricas y en otros factores relativos a los materiales aplicados para el previsible contacto de persona a persona y para la manipulación alimentaria; o las exigencias de limpieza, desinfección y desinsección de tantos locales que reúnen a grupos en cortas distancias, contemplan el contacto directo ocasional o frecuente, etc.

El cuidado de los locales públicos sería tan importante como el retirar de las vías públicas tanto «tenderete feriante» que atenta contra el orden y el respeto a los espacios peatonales de tránsito, que son lugares de recreo y salud de uso público circulante, no solares de negocios particulares.

En interés de la armonía y la convivencia de los vecindarios, habría que recuperar el orden que, entre tanta dejación, acabó transformando los barrios y las ciudades en verdaderos «cuchitriles de provisionalidades» que atentan contra la dignidad de la imagen urbana que casi todos los planes de urbanismo y planificaciones suelen evitar. La superación de la pandemia empieza por retomar los objetivos de ordenar las calles, los locales públicos y las relaciones distendidas y gentiles.

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